Matan a otro salvadoreño en Chiapas, México
En menos de una semana cuatro salvadoreños han sido asesinados en Chiapas, México, mientras intentaban por la vía ilegal llegar a Estados Unidos en busca de una mejor oportunidad de vida.
Un salvadoreño oriundo de El Tránsito, San Miguel, e identificado como Héctor Manuel Granados Tejada, de 41 años, fue encontrado muerto la noche del miércoles en el sector de la Arrocera, municipio de Huixtla (Chiapas), según se supo hoy.
El compatriota se convierte en la cuarta víctima mortal en menos de una semana.
El cónsul de El Salvador en Tapachula, Nelson Cuéllar, reportó también que otro compatriota fue herido de bala en el mismo lugar, pero se tratan de dos hechos por separado.
El cadáver de Granados Tejada fue encontrado por la Fiscalía Especializada en Delitos Cometidos contra Migrantes en Chiapas, la cual notificó a las autoridades salvadoreñas sobre el fallecimiento.
Con el apoyo de la cancillería salvadoreña los familiares del fallecido hacen los trámites correspondientes para repatriar el cuerpo, según lo conoció ContraPunto, por medio de un informe oficial divulgado la tarde de este viernes 29 de enero.
El salvadoreño herido fue identificado por las autoridades de Cancillería solamente como Manuel, de 29 años, y según los informes recogidos por la Fiscalía Especializada de Delitos el joven fue herido de bala en la pierna izquierda cuando caminaba en el sector de la Arrocera para evadir la caseta migratoria de “El Gueyate”.
El connacional narró a la Fiscalía que de manera repentina sintió un disparo, tras lo cual pidió auxilio en la caseta migratoria y fue trasladado al hospital de Huixtla por autoridades mexicanas, se desconoce quién hizo el disparo.
En El Salvador, las autoridades de Cancillería dijeron que a raíz de los constantes delitos contra los migrantes cometidos en la zona donde fue encontrado el salvadoreño sin vida, la Fiscalía Especializada en Delitos Cometidos contra Migrantes planea en el futuro inmediato instalar una oficina en ese sector.
El pasado jueves 28 de enero, el vice canciller Juan José García inauguró el Consulado de Arriaga, y a través de esta institución se prestará atención a los migrantes, dijo el funcionario.
“Apá, métales otro balazo para que no sufran”
Este es el segundo hecho violento y mortal que en menos de una semana ocurre en zonas fronterizas entre México y Estados Unidos contra migrantes centroamericanos, especialmente contra salvadoreños.
El pasado sábado 23 de enero, tres salvadoreños fueron asesinados en Arriaga, Chiapas, y dos mujeres (una salvadoreña y otra hondureña) fueron violadas luego de ser asaltados por policías federales cuando las víctimas junto con otros centroamericanos viajaban en un tren para intentar llegar a suelo estadounidense y encontrar una mejor oportunidad de vida en ese lugar.
Reportes periodísticos de “El Sur” y “La Jornada”, indican que un joven mexicano de 16 años identificado como Luis Argenis Fernández Caloca acompañaba a los centroamericanos procedentes de Honduras y El Salvador y dijo que en el periplo, los migrantes fueron asaltados en dos ocasiones en el mismo trayecto.
La primera vez, dijo el joven ante miembros de la casa del migrante “Hermanos del Camino”, los centroamericanos viajaban en un tren donde fueron interceptados por policías federales y quienes les robaron parte de sus pertenencias.
Los compatriotas y el resto de inmigrantes siguieron su camino pero de nuevo fueron asaltados por tres pistoleros y les quitaron las cosas que aún les quedaban después del primer asalto de los federales.
Esto indignó a los migrantes y decidieron armarse de machetes para luego seguir a sus asaltantes y recuperar así sus pertenencias y el dinero que les robaron.
Al hacerlo, se encontraron con algunos de los asaltantes que fueron atacados por los centroamericanos con piedras, pensando que así podrían recuperar sus pertenencias. No fue así.
Al contrario, los asaltantes se retiraron minutos más tarde, una camioneta azul alcanzó a los migrantes, varios hombres se bajaron y con sus armas dispararon contra los tres salvadoreños, cuenta el testigo que colaboró en el reconocimiento de los homicidas.
El joven de 16 años que acompañaba a los centroamericanos cuando fueron atacados, narró que al menos uno de los salvadoreños quedó gravemente herido y se quejaba por el impacto de los balines de la escopeta con la que fueron atacados.
Al verlo, uno de los atacantes se dirigió a un hombre obeso y le dijo: “Apá, métales otro balazo para que no sufran”, así lo hizo.
Según el periódico “La Jornada” las migrantes salvadoreñas Esmeralda y Dalila Consuelo, así como Luis Argenis Fernández Caloca (el joven de 16 años), “identificaron a dos de los agentes federales, asignados a la patrulla 14047, como los uniformados que les robaron”.
En la región del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca.
Detenciones
Dos sospechosos de haber asesinado a los salvadoreños el pasado 23 de enero mientras viajaban ilegalmente hacia Estados Unidos, fueron detenidos por las autoridades mexicanas en la sureña localidad de Arriaga, Chiapas, en México el pasado fin de semana.
Francisco Gómez Hernández, de 20 años, y Eliseo Gómez Ortiz, de 23 años, acusados de participar en el triple homicidio y de violar a dos migrantes, una salvadoreña de 18 años y otra hondureña, fueron capturados el martes anterior, dijo por su parte el periódico “La Jornada”.
Los sospechosos fueron reconocidos por dos mujeres hondureñas que viajaban con el grupo de indocumentados y quienes fueron violadas por los asesinos, señala un informe oficial recogido por el periódico en línea “El Sur”, en Chahuites.
Los salvadoreños fallecidos solamente fueron identificados por los sobrevivientes como Melvin de Jesús y a otros dos solo con los sobrenombres de El Perro y El Chucky, cuyos cadáveres están desaparecidos.
De acuerdo con los testimonios de dos de las víctimas sobrevivientes de la masacre, una patrulla de policía intentó liberar a los detenidos e incluso con el apoyo de elementos del ejército mexicano, desarmaron a los agentes que habían capturado a los sospechosos.
A los detenidos les incautaron dinero en lempiras y dólares, identificaciones, teléfonos celulares, ropa y zapatos de sus víctimas.



